Las tecnologías de la información adaptan los servicios al ciudadano a lo que está pasando en cada momento
Su paisaje no es el de la fría ciudad de Metrópoli de la película de Fritz Lang. Tampoco el del majestuoso Los Ángeles de Blade Runner de Ridley Scott. Las ciudades inteligentes no son de ciencia ficción. Son la evolución tecnológica de nuestras ciudades. Y su implantación tampoco es utópica. Los ayuntamientos y compañias tecnológicas lideran un proceso en marcha.
No existe una definición exacta de ciudad inteligente. Es más: debe considerarse una realidad dinámica, en constante evolución. Pero la idea general es clara: todos los proyectos consisten en aplicar soluciones tecnológicas al entorno urbano. Este progreso permite «adaptarse a lo que ocurre en cada momento», explica Manuel Ausaverri, director de Smart Cities de Indra. Lo que se consigue, según Luis Dueñas, coordinador de infraestructuras y ciudades de Siemens España, es «responder de forma más eficiente y sostenible a las necesidades».
Más de la mitad de la población mundial, en torno a 3.500 millones de personas, vive en entornos urbanos. Y la tendencia sigue creciendo: el porcentaje llegará al 70% en 2050, según Naciones Unidas. La superpoblación de las urbes es imparable e implica varios peligros. Las ciudades emplean dos tercios de la energía mundial y emiten el 70% del CO2 del mundo.
Imparable también es el desarrollo de las tecnologías de la información. Según José Manuel Hernández, de Telefónica I+D, la clave es que disponemos de «toneladas de nueva información sobre lo que está sucediendo en cada momento». Todos los servicios inteligentes se basan, precisamente, en obtener y gestionar esa información. En muchos sectores: agua, residuos, seguridad, electricidad… Según Hernández, se podrán alcanzar «ahorros de entre un 10% y un 25%».
No existe un modelo único de ciudad inteligente. Y cualquier urbe puede llegar a serlo. Aunque hay matices: las ciudades nuevas parten con ventaja. Es lo que sucede con Masdar, en Abu Dhabi, que está siendo construida sobre una plataforma inteligente. «Es la primera ciudad del mundo sin emisiones de carbono y sin residuos», puntualiza Hernández. Ausaverri también destaca las urbes más pobladas, donde «la inversión tiene más impacto». La UE apuesta por esta tendencia a través de varias herramientas. Como la iniciativa «smart cities» del Plan Estratégico Europeo de Tecnología Eficiente, con un presupuesto de 11.000 millones de euros, o el Pacto entre Alcaldes, firmado en 2008 por más de 2.800 localidades europeas.
Málaga y Santander
El ranking de la consultora de inteligencia de mercado IDC corona a Málaga como la ciudad española más avanzada. Le siguen Barcelona, Santander, Madrid y San Sebastián. «Cada una de las ciudades ha decidido comenzar el proceso de una manera diferente», afirma Hernández. La ciudad de Santander se ha convertido en un laboratorio de proyectos innovadores. Allí, Teléfonica lleva a cabo «una experiencia masiva de sensorización» con la creación de «una plataforma de gestión de información producida por sensores», cuenta Hernández. El objetivo es «disponer de unos 12.000 sensores en 2013» con los que recopilar información sobre todos los servicios: autobuses urbanos, aparcamientos públicos, playas, puertos, parques municipales, etcétera. También en Santander, la compañía E.On participa en la instalación de contadores electrónicos que ayudan a gestionar el alumbrado público. Lo que permitirá, por ejemplo, reducir la iluminación en zonas sin tránsito. Esta iniciativa está englobada en el proyecto Outsmart, respaldado por la Comisión Europea.
Un campo donde hay «grandes oportunidades» es en movilidad, afirma Dueñas. Siemens colabora, en esta línea, con diversos ayuntamientos. Un ejemplo es la línea 9 de metro de Barcelona, donde los trenes circulan sin conductor, lo que permite que pasen cada menos tiempo. El tráfico se adapta a la demanda. Otro proyecto de Siemens ha sido la «conversión de los autobuses urbanos de diesel en híbridos» en Madrid. Esta tecnología ha permitido, presume Dueñas, «reducir el consumo de combustible en un 30%», así como las emisiones de CO2.
La revolución también se extiende a «las actividades diarias» de la población, afirma Ausaverri. En Barcelona, Indra colabora en el proyecto Tap & Go, con el que la cartera dejará de ser necesaria. Será sustituida por aplicaciones de móvil. «La tecnología NFC en móviles» permitirá su uso para hacer «pagos en tiendas o validar el billete del autobús», por ejemplo. Estas infraestructuras podrían proporcionar servicios hoy desconocidos, como alertar en el móvil sobre los niveles de concentración de alérgenos por áreas de la ciudad, añade Hernández.
Un gran obstáculo para estos proyectos es la crisis económica. Esto debe llevar, entiende Manuel Sánchez, director general de Infraestructuras de E.On, a priorizar los proyectos «de inversión reducida», los basados en «la gestión de información». Pero sin frenar la revolución lenta de los demás servicios. Y es que todos los expertos destacan los beneficios económicos y el ahorro que generan.
La crisis podrá retrasar su llegada pero no la impedirá. Proximamente en sus calles, las ciudades inteligentes.
Fuente: abc.es